El tren de la muerte

“…PORQUE FUI FORASTERO Y ME RECIBISTE”

Crónica de la esperanza y tragedia de los migrantes centroamericanos a su paso por México. Segunda parte

Las rutas del ferrocarril que recorren el sureste de México y la Península de Yucatán, con sus dos centros de abordaje de migrantes en Tenosique, Tabasco e Ixtepec, Oaxaca, convergen en la localidad de Medías Aguas, en el municipio de Sayula, Veracruz.  Desde este lugar los indocumentados viajarán al Distrito Federal para dirigirse al norte. Así las cosas, el tren se convierte en más que un vehículo, en un escenario donde se lucha denodadamente por la vida.

Los migrantes centroamericanos llaman “la bestia” o “el tren de la muerte”, a este ferrocarril que proveniente de Yucatán se dirige a Veracruz. Por extensión, el mismo nombre se le atribuye a la otra línea ferrocarrilera que viene de Chiapas a Oaxaca y de ahí a Veracruz. Y el mote con que lo han bautizado no es gratuito, con creces se lo ha ganado. Cada año son cientos de personas los que, debido a un descuido o accidente, son mutilados o muertos, al caer a las ruedas  de la pesada mole de acero.

Antes de abordar el tren, los indocumentados se preparan mentalmente para no cometer un error que les pueda costar la vida. Buscan, de preferencia –siempre y cuando haya la oportunidad–, aquellos furgones, plataformas o góndolas que les ofrezcan seguridad; sin embargo, la mayoría de las veces tienen que subir a carros que resultan incómodos y peligrosos. Con frecuencia al mismo tren suben delincuentes que en la travesía asaltan a estos viajeros.

Entre los migrantes corren los consejos para subir al lomo de “la bestia”: “no te duermas”, “lleva un lazo para que te amarres”, “tiéndete en el techo de los furgones”, “viajen en grupo”, “no camines en los techos”…

Arriaga, la impaciente espera

Abordar el tren no es tarea fácil: no todos los convoyes se detienen. Esto lo está comprobando un grupo de más de 500 migrantes, en la estación de ferrocarril de Arriaga, Chiapas. Han pasado más de tres días desde que llegaron a este lugar, con la esperanza de subir al lomo de “la bestia” y acercarse al sueño americano.

Aunque en este lugar existe el albergue “Hogar de la Misericordia”, cuyo encargado es el sacerdote católico Heyman Vázquez, el grupo ha preferido dormir a la intemperie, aguantando las ráfagas del viento y la pertinaz lluvia de este verano, todo para que no se les escape el tren.

Sin embargo, los voluntarios de la Casa del Migrante de Arriaga no abandonan a los viajeros. A lo largo del día ofrecen comida y un espacio para descansar. Tanto el sacerdote como los voluntarios también están atentos a escuchar a los migrantes y a alentarlos. Aunque no sean católicos, los indocumentados agradecen siempre estos gestos de solidaridad que aligeran, aunque sea un poco, la pesada espera y el azaroso camino.

Finalmente la espera termina. El ferrocarril hace una breve parada, con tiempo apenas suficiente para que los cientos de migrantes suban y busquen acomodarse. El tren parte de Arriaga con su carga humana rumbo a la ciudad de Ixtepec, Oaxaca. Aunque la distancia a ese lugar no es mucha, les aguardan arduas horas en el “lomo de la bestia”.

 En Ixtepec, no siempre bienvenidos

Enfermos, hambrientos, con sed, cansados y las más de las veces sin dinero en los bolsillos porque son asaltados en el camino, los migrantes centroamericanos encuentran en esta ciudad el alivio a las penurias que enfrentan en su travesía hacia Estados Unidos.

En cuanto llega un tren procedente de Arriaga, algunos vecinos de la ciudad, hombres y mujeres con gesto amable, salen a las cercanías de la vía para avisar a los migrantes que en el albergue católico hay comida y un lugar para que descansen.

“Estamos por cumplir cinco años con el trabajo de ayuda a los migrantes. Aquí les damos comida, agua, medicina, ropa; aquí disfrutan un par de horas de atención humana”. Quien habla es el padre Alejandro Solalinde Guerra, coordinador de la Pastoral de la Movilidad Humana de la diócesis de Tehuantepec.

En medio de un sinnúmero de dificultades, esta obra de la diócesis de Tehuantepec, sigue prodigado solidaridad a los migrantes. Hace unos cuatro años el padre Solalinde fue acusado por agentes del INM y por el presidente municipal de “obstaculizar” los operativos “antimaras”. El sacerdote siempre ha sido claro: “No nos oponemos a esas revisiones. Como Iglesia nos oponemos a que los traten mal, que los consideren criminales y que les roben el escaso dinero que traen”.

En el año 2006 un migrante nicaragüense violó a una niña de Ixtepec; por tal razón un grupo de vecinos y las autoridades municipales exigieron el cierre del albergue “Hermanos en el Camino”. Se vivieron tensos días de protestas y actos xenofóbicos.  Sin embargo el padre Solalinde y un nutrido grupo de católicos, respaldados moralmente por diversos grupos de derechos humanos, se opuso con vigor a la clausura de este centro humanitario.

El sacerdote lamenta que frente a la gran solidaridad cristiana de los istmeños prevalezca la insensibilidad de las corporaciones policiacas y del Instituto Nacional de Migración (INM), que “tratan a los migrantes como si fueran criminales o terroristas”.

Para la Diócesis de Tehuantepec, el fenómeno migratorio “no es una ocurrencia de los pobres, sino una contradicción terrible e inaceptable de la globalización económica y financiera. Ante la injusta e inhumana actitud de las corporaciones policiacas, aquí buscamos darles un trato digno y humano”.

El viaje sigue…

Después de reponer las fuerzas, los indocumentados deben proseguir el viaje rumbo a Medias Aguas, Veracruz, donde abordarán otro tren con destino al centro del país. Al llegar a Córdoba, Veracruz, tomarán distintos caminos. Hay quienes deciden tomar la ruta Atlántica para llegar a Estados Unidos por Tamaulipas o quienes prefieren ir al Distrito Federal de donde se parte para llegar a otras fronteras como Piedras Negras en Coahuila, Ciudad Juárez en Chihuahua, Tijuana en Baja California, o Nogales, Agua Prieta o el Sásabe en Sonora.

Pero aún no han recorrido ni la cuarta parte del azaroso viaje.

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2 pensamientos en “El tren de la muerte

  1. Sr. Gilberto Hernández de mi mayor consideracion:

    Soy Makiko Yamamoto que trabajo en Mexico y soy una reportera japonesa
    Estamos planeando filmar un documental para la televicion de japon sobre los migrantes de Mexico y Centro America hacia USA. Me qustaria saber si usted puede apoyarnos para hacer un reportaje del tren de muerte.

    Coordialmete,
    Ms. Makiko Yamamoto

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