El Maestro los llamó y… ¿le siguieron?

Las vocaciones a la vida sacerdotal y religiosa en México

Mientras que el número de católicos en el mundo crece en una proporción casi igual al de la población mundial –1.4 y 1.1 por ciento, respectivamente–, según datos del Anuario Pontificio 2009, las vocaciones sacerdotales apenas alcanzan un crecimiento del 0.4 por ciento, pero con notables diferencias entre continentes: en tanto en Europa y América hay una recesión en África y Asia se registra un notable aumento.

            Con la segunda feligresía más numerosa del mundo, la Iglesia católica en México cuenta con unos 17 mil sacerdotes –entre diocesanos y religiosos– que en promedio rebasa los 55 años de edad. Cada sacerdote tendría que atender unos 5500 feligreses. Según las estadísticas del Episcopado mexicano, entre defunciones, retiros y abandonos de la vida sacerdotal, y las nuevas ordenaciones al año, parecería que la planta sacerdotal apenas alcanza a renovarse.

            Armados con estos datos, recientemente algunos rotativos han pregonado que “la Iglesia católica en México y en el mundo atraviesa una irreversible crisis vocacional” (sic) y auguran un negro futuro. ¿Verdaderamente es desolador el panorama? ¿Podemos hablar de una auténtica crisis de vocaciones sacerdotales en la Iglesia católica mexicana?

 

El continente de la esperanza

Recientemente el Observatorio Pastoral del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) publicó un estudio, con datos ofrecidos por la Obra Pontificia de Vocaciones Sacerdotales de la Sagrada Congregación para la Educación Católica,  sobre el ministerio sacerdotal y las vocaciones en los 22 países de América latina y El Caribe. El estudio resalta que en el quinquenio 2000-2005, Nicaragua y Guatemala presentan los mayores índices de crecimiento en sacerdotes diocesanos en América; mientras que en Cuba, Bolivia y, sobre todo, Paraguay crecen los sacerdotes religiosos.

En cuanto al número de seminaristas, el documento presenta datos por demás interesantes. El crecimiento porcentual en el número de seminaristas diocesanos en el período 2000-2005 es de 6.15 por ciento, mientras que el decrecimiento en el número de seminaristas religiosos (1.8 por ciento) casi dobla el porcentaje de disminuciones de ordenaciones de religiosos.

En algunos países como Argentina, Ecuador y México decrecieron tanto el número de seminaristas religiosos como diocesanos. En tanto que en Brasil, Honduras, Perú, Puerto Rico y Venezuela aumentaron ambos.

Sin embargo Brasil, México y Colombia son los países que mayor cantidad de ordenaciones tuvieron, pero en el caso de México en 2005 tenían casi 200 seminaristas diocesanos menos que en 2000 (5.064 contra 5.246) y más de 200 seminaristas menos que en 2000 (5.064 contra 5.246) y más de 200 seminaristas religiosos menos (1.580 contra 1.813).

Los datos parecerían chocar con los mostrados en el Anuario Pontificio, sin embargo habrá que tener en cuenta que las cifras del CELAM refieren a Latinoamérica mientras que los del Anuario incluyen también a los Estados Unidos y Canadá que dejan entrever una mayor caída en la captación de vocaciones y ordenaciones sacerdotales.

El padre Alexis Rodríguez Vargas, secretario ejecutivo del Departamento de Vocaciones y Ministerios (CEVYM) del CELAM, asegura que “los datos que compartimos significan muy poco en sí mismos. En cada caso se tendrá que ver qué factores sociales, políticos, económicos, culturales y religiosos se relacionan con las estadísticas vocacionales. No basta el análisis cuantitativo, los números de sacerdotes ordenados no indican cómo ha sido su formación, tampoco señalan si están distribuidos equitativamente en un país”.

 

El presente informe, añade el padre Alexis, “no ofrece conclusiones de la situación vocacional de los distintos países, tampoco busca explicar las tendencias a las que responde el aumento o la disminución en los números presentados. La explicación responde a situaciones multicausales que varían de nación en nación. Buscar relaciones simplistas causa-efecto ocultaría la compleja trama social que se entreteje en las cifras presentadas. Por tanto las interpretaciones válidas serán las que hagan en su contexto concreto los diversos agentes de pastoral”.

 

¿Hay una crisis de vocaciones en México?

Según datos proporcionados por la Comisión Episcopal de Vocaciones y ministerios, en México existen 76 seminarios mayores –estudios filosóficos y teológicos– y 69 seminarios menores– humanidades o preparatoria–. En los últimos años han ingresado a los distintos seminarios de nuestro país entre 4500 y 5000 alumnos por año. La mayoría de estos alumnos de nuevo ingreso comienzan su formación en el seminario menor, donde cursan los estudios correspondientes al Bachillerato, y otra parte en lo que llamamos el Curso Introductorio.

Revisando las estadísticas del año 2000 a la fecha, en México se han ordenado en promedio 380 sacerdotes por año. El año 2000 tiene el registro más alto con 432 ordenaciones sacerdotales, mientras que el año 2006 tiene el más bajo con 289 ordenaciones. Así las cosas, con los ritmos de ingresos y ordenaciones actuales, de cada 100 jóvenes que entran al seminario menor, al cabo de 11 años, 6 recibirían la ordenación sacerdotal.

Estos números parecen en sí mismos duros, sin embargo habrá que notar que el proceso formativo en los seminarios está diseñado de tal forma que tanto los mismos formandos como los responsables de los seminarios puedan discernir sobre el camino vocacional de cada uno. No es raro, pues, que un joven, al cabo de cierto tiempo descubra que “este es su camino” y abandone los seminarios. En otros casos, los formadores juzgarán conveniente que el candidato abandone la formación porque no se ajusta al perfil que se desea para el sacerdote de estos tiempos.

Para entender las anteriores  cifras y lo que entrañan y no juzgar a la ligera, se deben tomar en cuenta diversos factores para comprender la situación de las diócesis que en los últimos años han tenido menos ordenaciones sacerdotales.

Entre otras cosas hay algunas diócesis que no tienen su propio seminario y envían a sus alumnos a otro, ya sea en la misma provincia eclesiástica o en otro lugar. También se tiene que considerar que en los últimos años se han creado nuevas diócesis por lo que apenas se están organizando.

Quizá las Prelaturas son las que registran menos ordenaciones sacerdotales, como Cancún-Chetumal, El Nayar, Huautla, Mixes y El Salto, aunque también hay varias diócesis en esta misma situación.

Tomando en cuenta los números que arrojan las estadísticas las diócesis con el mayor número de ordenaciones sacerdotales son Guadalajara, México, Monterrey, Aguascalientes y Puebla respectivamente. Sin embargo habría que relacionar los índices poblacionales de cada una de estas Iglesias diocesanas con el número de ordenaciones anuales para entender mejor estos datos.

Por otra parte conviene señalar que hay diócesis como san Juan de Los Lagos, Zamora, Querétaro, Morelia, Tijuana, Tulancingo, León y Yucatán que han logrado mantener un buen nivel de ordenaciones sacerdotales cada año.

 

Crisis de vocaciones o crisis vocacional

A decir del padre Juan José Sánchez Jácome, secretario ejecutivo de Comisión Episcopal de Vocaciones y ministerios, el «Señor Jesús sigue llamando hoy a un gran número de personas al sacerdocio y a la vida consagrada; pero no todos le responden y no todos los que le responden lo hacen con el ardor y el amor requeridos. Por lo tanto, se puede decir que no hay una crisis de vocaciones, sino más bien una crisis vocacional”.

Asegura que hoy muchos jóvenes no saben a qué dedicar su vida, y “no pocas veces, su parámetro es el dinero: ‘elijo tal profesión porque voy a ganar mucho dinero’, y terminan frustrándose porque no se sienten realizados. Entonces, estamos ante una crisis no de vocaciones, sino vocacional, en la que cientos de jóvenes no le encuentran el sentido a su existencia”.

            Aunado a esto se encuentra la caricaturización que últimamente se hace en los medios de comunicación de la Iglesia y la figura sacerdotal, de tal manera que a los jóvenes de ciertas zonas y niveles socioeconómicos les resulta difícil optar por este camino de consagración.          Sin duda alguna, la propuesta vocacional que la Iglesia hace a los jóvenes se confronta, pues, con estas tendencias y situaciones que promueve este nuevo paradigma.

 

En constante búsqueda

            Con crisis o no, asegura el padre Sánchez Jácome, la Iglesia en México a través de la pastoral vocacional de cada diócesis viene desarrollando una labor muy fuerte de promoción vocacional, que busca ayudar a los jóvenes a plantarse de cara a su propia vida y a plantearse la pregunta fundamental: “¿Qué quiero hacer de mi vida?”.

            Afirma: “Nuestra misión es llevar a los jóvenes a través de un proceso de vida cristiana de tal manera que lleguen a la identificación plena con Jesús, para que siguiendo su ejemplo y con sus mismos sentimientos puedan servir a los hermanos de una manera desinteresada. Queremos formar pastores al estilo de Jesús que sirvan al pueblo, especialmente a los más necesitados, y que lo vayan guiando por el camino de la paz, la fraternidad y la solidaridad”.

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