Apostasía: ¿“desbautizarse” o “borrarse” de la Iglesia?

 Gilberto Hernández García  

Aunque la situación no es reciente, en los últimos años ha estado haciendo más “ruido”. Se trata de algunos grupos civiles que están promoviendo actos de apostasía “colectiva” en España y Argentina. Exigen que la Iglesia católica los “desbautice” (sic) y los “borre de los archivos parroquiales” porque no están de acuerdo con la “política social, sexual y económica” de la Iglesia y porque –dicen– han tomado conciencia de que fueron “bautizados sin el propio consentimiento”.

En Argentina, en marzo de este año más de un millar de personas expresó su renuncia a la religión católica. A través de una carta entregada al arzobispado de Buenos Aires así como a otras diócesis, exigieron que se borren sus nombres de los registros eclesiásticos y se los deje de considerar como católicos.

 

Apostasía, ¿de qué estamos hablando?

            Recientemente, ante la relevancia pública que está teniendo este fenómeno, la Universidad Pontificia de Comillas acogió una jornada sobre los aspectos canónicos y jurídico-civiles del abandono formal de la Iglesia.

            El director del Servicio Jurídico-Civil de la Conferencia Episcopal Española, Silverio Nieto, y el profesor de la Facultad de Derecho Canónico de la Universidad Pontificia de Comillas, José Luis Sánchez-Girón, aclararon en esa jornada de estudio que la utilización de la apostasía como instrumento de protesta colectiva contra ciertos pronunciamientos doctrinales de la Iglesia o contra actuaciones concretas de miembros de la jerarquía “poco tiene que ver con la apostasía canónica”. 

De la apostasía nos hablan los números 675, 817, 2089 y 2577 del Catecismo de la Iglesia Católica. “La apostasía es el rechazo total de la fe cristiana recibida en el bautismo”, dice Roberto Serres, asesor jurídico-canónico del arzobispado de Madrid. Y agrega: “El bautismo, la dignidad de hijo de Dios, no se pierde nunca, pero el bautizado puede renegar de su Padre Dios; de Jesucristo, que ha compartido nuestra condición humana para salvarnos de nuestras miserias; de la Iglesia, en la que ha nacido a la vida nueva de la gracia”.

“La apostasía supone un acto radical de negación de todo esto, realizado personal, consciente y libremente, con independencia del modo externo concreto utilizado”.

Así las cosas, no sería apostasía, por ejemplo, el solo hecho de abandonar la práctica de la religión o la duda intelectual sobre algunos aspectos de la fe. “La apostasía es un acto muy grave porque significa renegar completamente de la fe recibida”, asegura Serres.

En estos casos, el bautizado, al haberse situado libremente fuera de la comunión de la Iglesia, pierde los bienes de la salvación recibida a través de ella. Por ejemplo, no puede recibir los sacramentos y queda privado de las exequias eclesiásticas; no se trata de “castigar” a nadie, sino de ser coherente con la actitud que se ha tomado, evitando confusiones que no serían respetuosas ni con la naturaleza de la Iglesia ni con la voluntad de quien la ha abandonado de esa manera.

 

“Apostasía silenciosa”

En Ecclesia in Europa, Juan Pablo II se refirió a la “apostasía silenciosa” que se vive en el viejo Continente.  A decir de Roberto Serres, no hay ninguna diferencia fundamental entre esta forma denunciada por el Papa Wojtyla  y la apostasía canónica, ya que los actos externos formales son sólo expresiones de lo que sucede en el interior de la persona, que es donde se toma la decisión a favor o en contra de Dios y de la fe de la Iglesia.

Cuando el Papa, en esta exhortación apostólica, se refiere a la “apostasía silenciosa”, asegura el canonista español, “lo hace en el contexto de la cultura europea, que rechaza a Dios y que sitúa en su lugar al hombre como centro absoluto de la realidad. Se trata de una cultura que, en algunas de sus manifestaciones, abre el camino para que el hombre abandone la fe y se sitúe claramente en contra de ella, aunque no haga declaraciones explícitas o públicas de apostasía”.

 

Rechazo de la fe o anulación de “registros”

Tanto en España como Argentina los promotores de los actos públicos y colectivos de apostasía, además de renegar de la fe recibida en el bautismo, pretenden que la Iglesia católica borre los archivos donde aparecen sus nombres. De esta manera, dicen, buscan que la Iglesia no use con “malos fines” los datos contenidos en los archivos. Para esos grupos “la Iglesia Católica Apostólica Romana no nos representa ni queremos que reciba del presupuesto nacional, subsidios ni privilegios en nuestro nombre”.

Pero como se ha dicho en la jornada de estudio en la Universidad de Comillas que hemos citado, “el ejercicio de la apostasía es un acto vinculado al rechazo de la fe católica que nada tiene que ver con la cancelación de datos registrales que no prueban ninguna clase de adhesión a la fe ni son manifestación de creencias sino sólo un hecho histórico con relevancia exclusivamente eclesial como es el sacramento del bautismo”.

 

Los trasfondos

Héctor Aguer, arzobispo de La Plata, Argentina, ha manifestado que esas campañas de apostasía en su país “están invitando a quienes se consideren ex católicos o a quienes quisieren renunciar a la fe católica a presentar en las diócesis sus cartas de apostasía con la solicitud de que retiren su nombre de los registros bautismales”.

A este respecto, el Prelado recuerda en primer lugar que el bautismo y el acta de bautismo son imborrables, lo único que se podría hacer sería “anotar, al margen del acta, así como se anota el casamiento o la confirmación que esa persona apostató formalmente de la fe cristiana, y hay un procedimiento ordenado por el derecho canónico para establecer esa decisión”.

Pero lo verdaderamente importante, según Aguer es la ideología y el tipo de pensamiento que hay detrás de esta campaña. En realidad, según el Arzobispo lo que molesta especialmente y contra lo que se quiere protestar es “contra la presencia pública y cultural de la Iglesia. Lo que les molesta expresamente a estos movimientos es que la Iglesia tenga todavía arraigo en el pueblo… que la fe se haya hecho cultura y lo que se intenta es desarraigar la fe de la cultura vivida de la gente”.

 

Reto para la Iglesia

Ante esta situación el arzobispo de La Plata recuerda que precisamente esta campaña debería ser más bien un estimulo para los católicos, “para la renovación de nuestra fe, no sólo individual, íntima, sino de proyección en la vida concreta y en sus expresiones culturales”.

En este sentido propone revisar “todo lo que se puede hacer acerca del bautismo de los niños, cómo establecer una mejor pastoral del bautismo, que implique un acompañamiento a los papás que bautizan a su bebé, en esos años hasta que el chico vaya a la parroquia a recibir la catequesis para completar su iniciación cristiana”. O bien lo que se puede hacer “para recuperar esa conciencia de que por el bautismo somos testigos de Cristo y debemos manifestar nuestra fe en la vida cotidiana”.

            Por supuesto, también en estos casos está siempre abierta la posibilidad de reconciliación con la Iglesia, si se ofrecen muestras suficientes de una sincera voluntad de conversión.

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