Casas del migrante: encarnación del buen samaritano

Para el migrante, cualquiera que sea su origen o su destino, siempre será una bendición encontrar una mano y un corazón abiertos que lo acojan. En medio de la desconfianza natural que experimentan los que han decidido abandonar sus hogares para buscar una nueva vida en una tierra extraña, es grato saber que hay lugares —ajenos a la codicia de los “polleros” y a la avidez de los que lucran con el dolor y los sueños—, donde siempre serán bien recibidos: son las Casas del Migrante que tienen tanto la Iglesia como la sociedad civil y autoridades gubernamentales en algunos puntos fronterizos del norte y sur de México.

 De la asistencia material a la defensa de los derechos humanos

 

Las Casas del Migrante originalmente empezaron a funcionar como centros de acogida, donde se proporcionaba alojamiento, comida, apoyo espiritual, orientación y, en caso de ser necesario, atención médica; sin embargo sus promotores se dieron cuenta que había la necesidad de ofrecer  programas de formación humana y religiosa, con prioridad en la cuestión de los derechos humanos, así como cursos en el ámbito de la salud, concretamente en el tema de la prevención del SIDA y del alcoholismo, entre otros. Actualmente, junto a la acogida solidaria, las casas del migrante son auténticos bastiones donde se vela por la  defensa y promoción de los derechos humanos. 

 

Desde estos albergues se han ido consolidando programas de sensibilización a  la opinión pública, de la sociedad civil en su conjunto, que incluye escuelas en todos los niveles educativos y organismos civiles sobre el tema de la migración. Igualmente en las diócesis donde se encuentran apoyan el trabajo que se realiza en el rubro de la atención al itinerante; esta sensibilización la logran a través de su participación en medios de comunicación locales y por medio de talleres de formación.

 

Dentro del trabajo que desarrollan estos centros de acogida figura, en algunos lugares, la sensibilización al migrante acerca de los riesgos que implica tratar de cruzar la frontera de manera ilegal; se les muestran videos con información de las zonas por donde tradicionalmente se dan los flujos migratorios, como el Río Bravo, con corrientes traicioneras, o las zonas desérticas vigiladas por las patrullas de migración estadounidense, o la amenaza que implican los llamados “polleros”, los traficantes de personas; sin embargo nunca tratan de persuadirlos para que no crucen la frontera, porque esa es una decisión personal tomada al interior de su conciencia.
Red scalabriniana de Casas del Migrante

 

Los Misioneros de San Carlos-scalabrinianos comenzaron  el ministerio de la acogida y de la hospitalidad hacia todo tipo de migrante, deportado y refugiados, con la apertura de la primera Casa del Migrante en Tijuana, Baja California en México, en 1985; siguió después la puesta en operación de la una casa en Ciudad Juárez, Chihuahua;  luego otra más en Tecún Umán,  Guatemala; y después en Tapachula, Chiapas, Ciudad de Guatemala y Agua Prieta, Sonora y, más recientemente, en Nuevo Laredo, Tamaulipas.

 

Muy pronto los scalabrinianos se dieron cuenta de que el servicio que prestaban en las fronteras estaba paliando las principales necesidades de los migrantes que recibían en sus albergues, sin embargo hacía falta una coordinación más efectiva de esfuerzos para que los migrantes, particularmente de Centro y Sudamericanos pudiera sentirse verdaderamente acompañados en su tránsito hacía los Estados Unidos; además la sistemática violación de los derechos humanos de los migrantes exigía una organización más sólida que pudiera tener el peso suficiente para la defensa de la dignidad de estas personas en tránsito. 

Clamor de los indocumentados

Es así que la Red de Casas del Migrante Scalabrini nació en diciembre de 1999. Con la publicación del documento “El Clamor de los Indocumentados” como mensaje jubilar, en  marzo del 2000 se oficializa el comienzo de esta nueva organización, que tiene como objetivo general realizar una pastoral migratoria de conjunto entre estas Casas,  trabajando en unión con otras organizaciones no gubernamentales e Iglesias, en la promoción integral de los migrantes en su aspecto humano, cultural, social y espiritual. La  Casa del Migrante de Cd. Juárez, es  sede de la Red, y por lo tanto, el centro operativo de toda iniciativa y propuesta que oficialmente emana para el cuidado pastoral y haciéndose voz profética  en favor de los migrantes, fieles al carisma que Dios les ha encomendado en la Iglesia, a través del Beato Juan Bautista Scalabrini.

Son diversos los ámbitos  de acción comprendidos en la  pastoral migratoria: a lo largo de los años de servicio las Casas del Migrante han buscado la manera de dar una respuesta eficaz a la problemática que envuelve al fenómeno migratorio, por ejemplo la obra de sensibilización a la ciudadanía y a la misma iglesia local, a través de marchas, celebraciones, conmemoraciones, llamados a la solidaridad. Sin duda otro ejemplo es el testimonio de servicio y diaconía ofrecida a miles de migrantes que han encontrado un techo y un descanso en su largo caminar.

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