La dimensión divina del amor caracteriza a los organismos caritativos eclesiales y hace insustituible su actividad

Crónica del los ejercicios espirituales para responsables de la diaconía eclesial del continente americano

 Del 2 al 6 de junio tuvo lugar el Primer Retiro para lo responsables de la Diaconía Eclesial del continente americano, en Guadalajara, Jalisco, México, promovido por el Consejo Pontificio Cor Unum. A estos ejercicios espirituales —primeros en su tipo— impartidos por el padre capuchino Raniero Cantalamessa, predicador de la casa Pontificia, asistieron  580 personas entre obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos que trabajan por la caridad en 27 países de América y El Caribe.

En la inauguración de los ejercicios espirituales, el Cardenal Paul Joseph Cordes,  Presidente de Cor Unum, resaltó el valor de la dimensión caritativa de la Iglesia que en numerosos lugares del mundo, en donde no hay mayoría católica, las personas la reconocen y aprecian Por eso insistió: “si la Iglesia pierde esta parte de su carisma, perderá credibilidad”, por eso exhortó a los asistentes a caer en la cuenta de lo importante que es y a redoblar esfuerzos en este servicio eclesial.

El Santo Padre ­-quien personalmente sugirió la realización de este retiro- dirigió un mensaje a los participantes, responsables de las agencias católicas de caridad de América y el Caribe, que leyó el cardenal Cordes, donde, además de agradecer la labor que realizan, les invitó a “redoblar la amistad con el Señor Jesús”, y a apreciar que “esta dimensión divina del amor caracteriza a los organismos caritativos eclesiales y hace insustituible su actividad”.

En su mensaje fraterno el Papa expresó que “la generosidad de las personas y su deseo de ayudar allí donde se produce una catástrofe, como el tsunami o el ciclón en Myanmar, es realmente impresionante. Al mismo tiempo, los cristianos están convencidos de que, junto a la ayuda material, la asistencia humanitaria necesita un mensaje de esperanza que sólo Cristo puede dar a través de una fe, que es testimoniada”.

El padre Raniero Cantalamessa, director de esta experiencia, ayudó a los asistentes a reflexionar en profundidad acerca del sentido cristiano de la pobreza, a partir de las Bienaventuranzas y de algunas parábolas. Insistió en el hecho de que la Iglesia no sólo debe trabajar por los pobres, sino que debe ser ella misma pobre; como se decía de los apóstoles: “Son personas que no tienen nada y lo poseen todo”.

En una de las reflexiones, Fr. Raniero  recordó el mensaje que recientemente Benedicto XVI dirigió a la asamblea Plenaria del Pontificio Consejo Cor Unum, resaltando la importancia de la formación permanente, tanto en a sociedad como en la Iglesia, que proporciona instrumentos útiles para adquirir competencias técnicas específicas, sin embargo, “para quienes trabajan en los organismos caritativos eclesiales es indispensable la ‘formación del corazón’”, de la que el mismo Papa había hablado ya en Deus cáritas est, y que “gracias al encuentro personal con Cristo, suscita la sensibilidad espiritual que permite conocer a fondo y colmar las expectativas y las necesidades del hombre”. En suma “sintonizar con el corazón de Cristo, para tener en nosotros los mismos sentimientos que tuvo Cristo”.

Así las cosas, el retiro intentó poner el claro los principios evangélicos fundamentales que sirvan de base a la hora de enfrentarse a los problemas concretos en este ámbito, e indicar el espíritu con el cual hacerlo, de tal modo que se pudiera fortalecer la identidad.

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