La Iglesia en México sigue siendo bendecida con muchas vocaciones

Entrevista con el padre José Juan Sánchez Jácome, Secretario Ejecutivo de la Comisión Episcopal para Vocaciones y Ministerios

México ha sido tradicionalmente un país “levítico”, ¿Sigue siendo nuestro país  un buen semillero de vocaciones sacerdotales? ¿Cuál es la situación que atraviesa la Iglesia mexicana en este sentido?

Sin ninguna otra pretensión podríamos decir que la Iglesia mexicana ha sido bendecida especialmente por Dios en relación al número de personas que deciden seguir los pasos de Cristo para llevar su amor y su esperanza a todos los hombres. También tenemos que destacar las abundantes vocaciones a la vida misionera que ha engendrado la Iglesia de México. Muchos países en América Latina, África, Asia y otras partes del mundo se han beneficiado por el testimonio y el trabajo apostólico de los misioneros y las misioneras mexicanas que llevan el mensaje de Jesucristo.

Por lo tanto, la Iglesia de México se sigue distinguiendo por la capacidad que tiene para despertar las inquietudes vocacionales de los jóvenes. Ciertamente vivimos tiempos de muchos retos y desafíos. Como en otros ámbitos de la vida también estamos enfrentando un tiempo de recesión o desaceleración vocacional. Sin embargo subyace una estructura y dinámica pastoral que promueve la vocación al sacerdocio y que acompaña a los jóvenes que tienen inquietudes vocacionales. También es importante señalar que quizá en algunas zonas de nuestro país se ha notado un poco más la baja de alumnos en los seminarios diocesanos, a diferencia de otros seminarios que han mantenido su dinámica de trabajo o que incluso se han visto favorecidos por el incremento de alumnos en sus aulas.

 

¿Es atractiva para los jóvenes de hoy la “carrera sacerdotal”? ¿Qué es lo que más les atrae? O, por el contrario ¿qué es lo que “los repele”?

La vocación al sacerdocio sigue siendo una meta atractiva para los jóvenes, porque en su corazón siempre existe el deseo por consagrar su vida a algo superior, de dedicar su vida al servicio de los demás. Aún cuando no lo consideren dentro de sus opciones de vida ven al sacerdocio con mucho respeto y alcanzan a percibir la trascendencia de su ministerio.

Quizá en otros tiempos este deseo era más natural y espontáneo porque la cultura y el ambiente favorecían una interpelación personal de esta naturaleza. En nuestros tiempos más bien hay que difundir un poco más el sacerdocio como una alternativa válida que nos hace alcanzar la superación y la felicidad.

Nos enfrentamos con un ambiente que en algunas ocasiones ha denigrado la imagen del sacerdocio y no lo presenta como una alternativa que los jóvenes puedan considerar. Por eso hace falta realizar la tarea de limpiar la imagen del sacerdocio y de seguir presentándolo como una opción que el mundo necesita para construir una sociedad más solidaria, justa y fraterna.

Por otra parte considerando los deseos de autenticidad que hay en el corazón de los jóvenes ciertamente los aleja del sacerdocio el mal testimonio o una vida sacerdotal sin compromiso. El sacerdocio vivido de manera funcional o burocrática no es algo que apasione a los jóvenes o que los lleve a plantearse la alternativa de  abrazar esta vocación.

 

Es indudable que las nuevas generaciones vienen marcadas con el sello de la posmodernidad, con todo lo que ello implica, ¿Cuáles son las características de los nuevos seminaristas mexicanos?

Cada generación viene cargando el bagaje cultural de su propia época. Y en este sentido los jóvenes en la actualidad tienen sus propias habilidades y sus propias deficiencias. Como hijos de su tiempo ciertamente alcanzamos a distinguir una serie de limitaciones que nos han llevado a replantear nuestros esquemas de formación.

A los jóvenes del tercer milenio les está tocando enfrentar el cambio de época que, está imponiendo un nuevo modelo cultural cuestionando los valores y las tradiciones que sustentaban la vida de la sociedad. Esta nueva mentalidad, que desplaza a la cultura cristiana, está encauzando hacia el hedonismo, el relativismo y el egoísmo, donde lo que importa es el tener y no el ser, el acumular y no el compartir, el lucimiento a toda costa, el placer desenfrenado y no el gozo por la vida, el libertinaje destructivo y no la libertad edificante, el despilfarro y no el sacrificio, la comodidad egoísta y no el compromiso y la solidaridad, los arreglos y las conveniencias políticas más que los fundamentos científicos y morales en los que está fundada la vida y la convivencia humana.

Asimismo se explota de manera exagerada el deseo de ser fuertes, poderosos, millonarios, famosos y aplastantes. Estos deseos de poder se siembran especialmente en el corazón de los jóvenes más que el anhelo de llevar una vida digna, honrada, sacrificada y al servicio de los demás.

La propuesta vocacional que la Iglesia hace a los jóvenes se confronta, pues, con estas tendencias y situaciones que promueve este nuevo paradigma.

De ahí la importancia de conocer bien a los jóvenes a quienes acompañamos, de entender el contexto socio-cultural que los ha marcado en la vida y de irlos llevando a través de un proceso formativo, pedagógico y espiritual que provoque en cada uno de ellos el encuentro con la persona de Cristo, para que esta experiencia sea determinante a la hora de comprometerse con la causa del reino de Dios y en la promoción de la cultura cristiana.

 

¿Hay “una crisis de perseverancia” en los seminaristas y sacerdotes recién ordenados? ¿Cuál es la situación, sus causas y  consecuencias?

Es importante señalar que el sacerdocio es un llamado de Dios y los años del Seminario son precisamente para madurar en este llamado, para irlo viendo con mayor claridad, a lo largo de un proceso de vida, y para potenciar la generosidad necesaria en orden a responder positivamente al Señor. La vocación al sacerdocio no es una profesión y no es una consigna llegar al sacerdocio cuando ingresa uno a cursar la etapa preliminar de estudios en el Seminario.

Los años de trabajo y estudios en el Seminario nos van llevando a través de un proceso de formación y acompañamiento vocacional para saber lo que Dios quiere de nosotros y para capacitarnos convenientemente en orden a una respuesta. Desde esta perspectiva en la que confluyen la gracia divina y la libertad humana tenemos que entender el nivel de perseverancia.

Por otra parte el cambio de época tiene un impacto importante en este aspecto, porque a los jóvenes en la actualidad les cuesta mucho trabajo entender ideales que impliquen un compromiso para toda la vida. La cultura emergente está difundiendo una actitud relativista y un sentido de provisionalidad donde lo que importa es vivir el presente, sin el peso del pasado y sin la angustia del futuro. Por eso se buscan experiencias y relaciones que no generen compromisos serios.

 ¿Cuáles son hoy en día las prioridades formativas en los seminarios mexicanos?

Sin el afán de llegar a ser exhaustivos en este punto, podemos señalar por lo menos tres prioridades formativas: En primer lugar que todos los alumnos lleguen a tener un verdadero encuentro con Jesucristo, que lleguen a enamorarse de su persona y de su Palabra, para que convirtiéndose en discípulos del maestro.

Luego, generar actitudes eclesiales fundamentales en los alumnos para que puedan desarrollar una espiritualidad de comunión. Es necesario abrirse más al mutuo descubrimiento y aprecio, a la colaboración y al reconocimiento de los carismas, ministerios y servicios que el Espíritu Santo suscita en la Iglesia. Esta actitud permitirá superar la tentación de individualismos pastorales, del clericalismo o de la autoafirmación y autosuficiencia de personas y de grupos

Fomentar una mayor caridad pastoral en los alumnos que los lleve de verdad a  amar al pueblo de Dios al que se preparan para servir de manera desinteresada. Una caridad pastoral que también los haga sensibles y comprometidos en las realidades temporales.

 

¿Cómo pueden ayudar los fieles al crecimiento de las vocaciones?

Se necesita el apoyo, el afecto y la oración de nuestro pueblo, a fin de que sigamos realizando en el nombre de Dios esta labor apostólica tan apasionante de proveer pastores al pueblo de Dios. Hace falta que en nuestras familias y en nuestras comunidades promovamos más las vocaciones al sacerdocio y a la Vida Consagrada y que siempre apoyemos las inquietudes de los jóvenes cuando quieran servir a Dios de esta manera. Ciertamente se trata de un estilo de vida que implica romper con el modelo cultural vigente en nuestros días  para abrirnos a la propuesta de Jesús a través de una vida de renuncia, de entrega, de generosidad y de servicio a los hermanos.

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