Tenemos una deuda histórica de justicia con los pueblos indígenas: Mons. Felipe Arizmendi

Mons. Felipe Arizmendi, obispo de San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, es el responsable de la Dimensión Pastoral Indígena de la Comisión Episcopal para la Pastoral Social. En el índice de población indígena en el país, su diócesis ocupa uno de los primeros lugares. Nos habla de realidad de los pueblos indígeneas en México.

¿Qué lugar ocupa “lo indígena” en la agenda nacional?

Aunque en el discurso se resalta la defensa de los derechos de los pueblos originarios, no siempre se les atiende como ellos necesitan. Muchas veces son utilizados con fines propagandísticos y electoreros. Es verdad que se han promovido obras de infraestructura, como carreteras, electrificación, agua entubada, piso firme en las casas que lo tenían de tierra, escuelas, etc.; pero es tan grave el rezago en que está la mayoría de las comunidades indígenas, que todavía falta mucho para que tengan una vida digna. Por parte de las diócesis, hay un esfuerzo por incrementar la pastoral indígena pero con resultados variables; en algunas partes, casi ni se le quiere nombrar, como si no hubiera indígenas que requieren una atención particular. En algunos casos, la opción preferencial por los pobres resta mucho de hacerse realidad.

¿Cuál es la realidad que hoy en día viven los indígenas de su diócesis?

Aumenta la migración, también hacia Estados Unidos; es más rentable comprar maíz que sembrarlo y se abandona el campo. El precio del café es inestable y la tentación del narcotráfico es grande. Por la migración, por la influencia de los medios de comunicación  -que llegan hasta los últimos rincones-  se pierde la propia cultura, están en riesgo de extinción varios idiomas originarios y las costumbres comunitarias van desapareciendo. La llamada globalización no respeta culturas. Los jóvenes indígenas ya no aprecian las tradiciones de sus mayores; no les importan los acuerdos de la asamblea; no comprenden ni siguen los ritos tradicionales. Sigue vigente el racismo contra ellos. Todavía persiste la marginación de la mujer.

Sin embargo, ha habido una fuerte emergencia que les ha dado mayor seguridad en su propia cultura. En algunos casos, como explicable reacción al desprecio que han sufrido, ellos a su vez menosprecian lo mestizo y quieren conservar lo tradicional. Cada día ocupan más lugares en la sociedad y en la Iglesia. Muchos acceden a las universidades y a cargos políticos. Conocen y defienden más sus derechos. Se hace un gran esfuerzo por preservar sus idiomas.

Se habla de la necesidad de “inculturar el evangelio” en los pueblos indígenas, ¿En qué consiste, cómo se logra? Más aún: ¿se puede ser fiel a los valores más auténticos del evangelio sin traicionar las raíces más profundas de los pueblos originarios?

Inculturar el Evangelio es lograr que los criterios y normas evangélicos se hagan cultura, se hagan parte de la vida, se expresen en forma visible y sensible en las costumbres, en las leyes, en los comportamientos de los pueblos. Muchas actitudes de los indígenas son ya expresión del cristianismo gracias a la evangelización, pasada y actual. Hay lugares donde todavía se mezclan elementos cristianos con otros no tan cristianos, y éste es el reto: discernir qué es conforme al Evangelio y qué no lo es, para purificar lo negativo, y hacer crecer y madurar las “semillas del Verbo” presentes en sus tradiciones. En principio, el criterio es sencillo, en la práctica, no es tan fácil porque algunas tradiciones están tan arraigadas, que pareciera que son las que más valen y las que se deben seguir, al margen del Evangelio. Algunos agentes de pastoral, para no repetir las imposiciones y destrucciones de otros tiempos, no ofrecen con audacia y prudencia la luz del Evangelio. No es que los indígenas se cierren a Cristo; es que no lo presentamos como Él es, liberador y plenificador.

En esta tarea de inculturar el Evangelio se habla de la necesidad de una Teología indiana, ¿Realmente es necesaria? ¿Qué aportaría esta reflexión al proceso de la evangelización inculturada?

La Teología India, en su vertiente más ortodoxa, es un esfuerzo por descubrir, a la luz de la Palabra de Dios y del Magisterio, qué hay de manifestación de Dios en las culturas indígenas, según la más pura tradición patrística y según los criterios del Concilio Vaticano II. Por ejemplo, hemos tenido encuentros en que se exponen los nombres que se dan a Dios en las diferentes etnias del continente, y hemos descubierto que la mayoría de nombres reflejan una conciencia monoteísta, con una gran variedad de calificativos propios de Dios, que en nada contradicen a la Biblia, y que ayudan a comprender mejor el misterio de Dios. Esta Teología está en proceso de clarificación, porque algunos autores no parecen poner el acento en Cristo, sino sólo en las “semillas del Verbo”, como si el Verbo no se hubiera manifestado en Cristo. Algunas corrientes tratan estos mismos puntos, pero sin referencia al Evangelio y al Magisterio, sino sólo valorando lo que contienen esas culturas. Se han tenido diálogos con estas posturas, y se va madurando en escucharnos, para que la luz de Cristo brille siempre como punto fundamental de referencia.

Históricamente la Iglesia católica ha acompañado la vida de los indígenas en estas tierras. ¿A qué se debe el avance de otras denominaciones cristianas entre nuestros hermanos indígenas?

Los pueblos indígenas, como los pobres en general, tienen hambre de Dios. Si las diócesis no les ofrecen el alimento de la Palabra de Dios y de los sacramentos, se van tras quienes les ofrecen algo de Dios. Mucho tiempo, nosotros estuvimos muy centrados en el sacerdote y la religiosa; y como éstos son escasos, no atendimos suficientemente a los pueblos; sin atención nuestra, llegaron otros, con muchos recursos económicos procedentes del extranjero, y se fueron. Actualmente, el proceso de deserción, en Chiapas, ha disminuido. Según el censo del INEGI, de 1980 a 1990, un 9% dejaron de ser católicos. De 1990 a 2000, sólo el 3% cambió de religión. Todavía sigue habiendo cambios, pero también se dan casos de regreso a la Iglesia Católica.

¿Qué retos vislumbra en el trabajo de la Pastoral Indígena?

Hay una deuda histórica con estos pueblos: De las 56 etnias reconocidas en México, casi ninguna cuenta con una traducción católica, aprobada por la Conferencia Episcopal, de la Sagrada Escritura. Sólo se tiene la Biblia en tzeltal de Chiapas, una parte en maya de Yucatán y algunos esfuerzos aislados. Deberíamos hacer un esfuerzo mayor por que gocen de este derecho. Y luego, hacer las traducciones litúrgicas, conforme a las normas de la Iglesia. Este es un punto básico de arranque. Mientras no le demos atención a esto, como se pide en Aparecida, seguiremos estando en grave deuda de justicia con los pueblos indígenas.

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