Todo discípulo necesita poner su mirada, mente y corazón en Jesús Buen Pastor

Entrevista con el padre Salvador Valadez Fuentes

El sacerdote mexicano Salvador Valadez Fuentes es, desde enero de este año, rector de Instituto Teológico Pastoral para América Latina (ITEPAL), dependencia del CELAM, con sede en Colombia, un servicio eclesial para la formación y actualización de los agentes de pastoral, sacerdotes, religiosos y laicos. Frecuentemente es invitado a dar conferencias, cursos y retiros sobre la formación sacerdotal y laical bajo la espiritualidad del Buen Pastor.

¿Cuándo usted habla de la espiritualidad del Buen Pastor, a qué se refiere?

Me refiero a que la identidad y misión, no sólo del sacerdote sino de todo cristiano,  hunde sus raíces en el perfil y la misión de Jesús Buen Pastor. Todo discípulo que es llamado a desarrollar algún ministerio eclesial, por el hecho de ser agente de pastoral necesita poner su mirada, mente y corazón en Jesús Buen Pastor, porque él es la base fundante de todo ministerio pastoral.

¿Qué implicaciones tiene esta manera de entender a Jesús desde el ángulo del Buen Pastor?

La tarea de la Iglesia es actualizar en el aquí y ahora la praxis pastoral de Jesús; por eso tenemos que beber de la fuente que es Jesús en su integralidad. Así conocemos cuáles son los ejes pastorales que no son optativos sino una exigencia, porque es el desafío que Jesús tuvo. El agente de pastoral debe estar mirando a Jesús para ver qué hizo, para interpretarlo  en su contexto original y recontextualizarlo a partir de los desafíos que la realidad nos plantea hoy. Jesús es luz para ver, criterio para juzgar, norma para actuar.

¿Cuáles son los rasgos fundamentales de esta espiritualidad?

El Buen Pastor es la personificación de la compasión y misericordia del Padre; da la vida hasta el extremo para dar vida plena; su dinamismo y fuerza propulsora de todo lo que hace es el amor incondicional y sin límites a su Padre y a sus hermanos, especialmente a los desfavorecidos. Está verdaderamente comprometido en el proyecto del Reino de su Padre, es decir en favor de la vida, la verdad, la justicia, la liberación, la paz, la unidad; esos son rasgos distintivos que se convierten en programa de vida.

Usted ha hablado de exigencias que brotan de la praxis de Jesús, ¿cuáles son?

Son tres grande ejes que brotan de la identidad de Jesús: profeta, sacerdote y rey. Como profeta anuncia el Reino de Dios, lo hace explícito y presente, nos dice cuáles son las condiciones para que sea realidad en medio de nosotros; y  denuncia todo lo que se opone a ese Reino. En la línea sacerdotal, la esencia es hacer de la vida una ofenda plena y absoluta al Padre, no en la línea ritual sino existencial, como culto agradable a Dios. En el aspecto regio, como pastor y servidor libera de todo aquello que oprime al hombre: de Satanás, de la ignorancia, de prejuicios, de lo que disminuyen la dignidad del hombre.

Hoy en día se habla de una crisis de participación del sacerdote en la vida pública,  ¿Cómo ser fiel a la espiritualidad del Buen Pastor en un contexto de supuesta laicidad que pretende confinar al sacerdote a lo cultual y limita su acción en la sociedad?

Nuestro criterio para saber lo que somos y entender nuestra misión no es lo que la gente, los poderosos, los políticos o los medios de comunicación digan, sino lo que Cristo dice. Si descubrimos que el signo de autenticidad, de aterrizaje del ministerio de Jesús tiene que ver con el Reino, con la vida, verdad, justicia, paz, unidad, entonces todo lo que tenga que ver con eso forma parte de la vida de un cristiano, de un sacerdote. Así el trabajo por la paz, la dignidad del hombre, el respeto a la vida, la cuestión ecológica, el respeto a las culturas, la liberación de las personas, sin descartar el aspecto cultual, todo forma parte de la agenda del sacerdote.

Pero esas tareas no siempre se vuelven prioridad…

Creo que ese ha sido uno de los pecados y fraudes sacerdotales que muchas veces se han cometido: reducir el ministerio al mero ámbito cultual, y en parte por eso se nos quiere relegar ahí, porque la Iglesia un tiempo es lo que ha hecho. No quieren que la Iglesia, en concreto la jerarquía, intervenga en esas cosas que tiene que ver con la vida humana en el momento histórico. Pero si volvemos a nuestro referente, a nuestro paradigma no nos equivocaremos.

En los seminarios se forman nuestros futuros pastores y usted es un conocedor del ambiente formativo, ¿cuál es su diagnóstico?

La formación en muchos de nuestros seminarios es insuficiente para formar el perfil de ministro sagrado que los tiempos actuales necesitan. Es deficiente, polarizada al campo académico y eso es un grave defecto porque formar pastores bajo el estilo del Buen Pastor lo académico apenas es un aspecto, pero en algunos seminarios es lo que lleva la mayor parte del tiempo, energías y esfuerzos. No se han encontrado estrategias claras, contundentes para lograr que el seminarista  encarne y haga vida los rasgos y actitudes de Jesús Buen Pastor.  

¿Qué tan generalizada es esta situación y qué camino de solución vislumbra?

Este es un gran problema, es una queja permanente, una realidad muy sentida; lo acabo de escuchar en una reunión con obispos presidentes y secretarios de Comisiones Episcopales latinoamericanas, hay preocupación porque nuestros seminarios no están generando el talante de sacerdote que se nos requiere, y ahí hay una cuestión muy grave y desafiante para la Iglesia. Es urgente revisar a fondo las estructuras que no están funcionando.

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