“La paz se construye en justicia y democracia”

Entrevista con Pablo Romo Cedano, director de Serapaz

Servicios y asesoría para la paz (SERAPAZ) es un organismo civil, mexicano, de servicio a la paz y la transformación de conflictos sociales. La institución nació en respaldo de la labor mediadora de la Comisión Nacional de Intermediación (CONAI), en el conflicto surgido en Chiapas a raíz del levantamiento zapatista. Al finalizar la CONAI su labor, en 1998, trasladó a SERAPAZ sus tareas de mediación y articulación civil para el trabajo de paz.

SERAPAZ realiza su labor a través de la promoción y articulación de procesos e iniciativas civiles; investigación y producción editorial; capacitación, asesoría, incidencia y seguimiento de procesos que contribuyen a la construcción de la paz. Conversé con Pablo Romo, director de esta ONG, sobre el tema de la conflictividad social y los caminos para la paz en México.

¿De qué estamos hablando al referirnos a “conflictividad social”?

Nos referimos a todas aquellas disputas entre dos o más actores sociales que se da en un contexto determinado. Es una construcción social, diferenciada de la violencia, que puede ser positiva o negativa, según como se aborde y termine, con posibilidades de ser conducido, transformado y superado por las mismas partes; suele ser producto de un antagonismo o incompatibilidad entre dos o más partes y se expresa en una insatisfacción o desacuerdo sobre cosas diversas.

Usualmente los actores sociales creen tener la razón de lo que demandan y en muchas ocasiones están dispuestos a ir lejos por conseguir lo que buscan.  Si en un país no hay instrumentos para canalizar estas demandas, los conflictos se multiplican.  Por ejemplo, si las instituciones que procuran y administran justicia son obsoletas o corruptas, la población no cree más en ellas y busca otros caminos para hacer algo que ellos consideran justo.  Esto corre el riesgo de elevar la tensión y desembocar en violencia.

De ahí que nuestro trabajo sea procurar entendimiento entre actores sociales, crear puentes, unir los extremos de dos posturas encontradas.

¿Es México una nación en conflicto o nos encontramos en los “parámetros normales”?

Nosotros tenemos un Observatorio de la Conflictividad Social que monitorea justamente la conflictividad para poder ver por dónde van, cuáles son sus tendencias, por qué se crean los conflictos, cómo estamos con respecto a otros.

Los resultados del Observatorio nos dicen que la conflictividad social aumenta, tanto en número como en intensidad.  Es decir, la gente sale más a los espacios públicos a protestar, a pedir, a exigir.  Eso es bueno en cuanto significa mayor conciencia y responsabilidad social, sin embargo las instituciones no son capaces de procesar todos los conflictos y la insatisfacción crece.  Descubrimos que las estrategias de confrontación están cambiando y si antes un actor social salía a la calle y marchaba por la calle, ahora hace algún plantón, o cierra una calle.  Es decir, escala su estrategia de confrontación.

Si pudiéramos crear una escala de “descomposición de la paz social en México”, ¿dónde nos encontramos como país?

Puedo asegurar que no estamos muy bien.  Desgraciadamente desde hace algunos años entramos en un declive en cuanto a la credibilidad de muchas instituciones.  No se transitó adecuadamente hacia la democracia y quizá se perdió esa oportunidad de dejar lejos el autoritarismo e incorporar estructuras confiables para los ciudadanos que puedan procesas sus demandas.

¿Desde qué claves de lectura podemos interpretar la conflictividad en el país? ¿Dónde hunde sus raíces más profundas, qué la incentiva hoy en día?

La mayoría de los conflictos sociales hunden sus raíces en la búsqueda de satisfactores económicos.  La gente en este país se moviliza por recursos, por infraestructura y por defender sus tierras-territorios-recursos naturales. Un porcentaje elevado este año se ha movilizado por defender su trabajo o por mejorar las condiciones laborales.  En segundo lugar la gente se moviliza indignada contra la impunidad.  Asombrosamente son muchos los que se movilizan para demandar justicia. En tercer término las personas se movilizan y entran en conflicto por cuestiones de poder, es decir, asuntos de orden político.

¿Hay conciencia en la sociedad mexicana de la conflictividad social? ¿Cómo percibe estos conflictos la misma sociedad y cómo reacciona?

¡Claro que sí! La gente percibe que la conflictividad social se ha incrementado. No solamente ve la violencia del crimen organizado y la incompetencia de las autoridades para detenerla, también percibe los conflictos por cuestiones básicas como la lucha por sobrevivir, por transportarse, por servicios.  Es decir, millones de personas se han movilizado este año de una u otra forma para exigir a las autoridades agua, vivienda, educación, mejores condiciones de trabajo y de vida porque están viendo en su propia vida una carencia.

¿Qué condiciones se deben dar para construir un estado de paz en México?

La construcción de la paz tiene muchos componentes, sobre todo aquellos que se fundan en la justicia, el respeto irrestricto a los derechos humanos, empezando por los económicos, sociales, culturales y ambientales.  La paz se construye en justicia y democracia.  En participación colectiva y respeto por la persona humana.

El concepto de paz debe ampliarse y no solo entenderse como la “la no guerra”.  Es indispensable establecer que la paz es punto de llegada de instituciones confiables, sólidas que procesen con transparencia la conflictividad existente y que puedan crear nuevos estamentos sociales de acuerdo a la evolución, necesidades, posibilidades y creatividad-responsabilidad.

¿Cuál es el papel que debe asumir el Gobierno, la Sociedad civil, la Iglesia, la población en general, ante estas situaciones de conflicto?

Todos y todas estamos llamados a construir la paz desde la responsabilidad social que tenemos.  Las autoridades en primer término tienen que ser expresión real de la voluntad de los ciudadanos.  Tienen que ser creíbles, confiables, transparentes y eficaces para gobernar. La sobriedad, austeridad co-responsabilidad, subsidiaridad, son valores básicos.  El funcionamiento de las instituciones es en primer lugar responsabilidad de las autoridades.

La Iglesia está llamada a la congruencia entre lo que cree, exige y hace.  La paz se hace con la palabra y la obra. La iglesia, en tanto que instancias confiables en la sociedad deben poner su capital de credibilidad en la construcción activa de la justicia y no callar ante la injusticia.

La Sociedad Civil, entendiéndola como el conjunto de ciudadanos organizados, tiene que ser mucho más proactiva y corresponsable con el bien común.  Es preciso democratizar los medios de comunicación para poder escuchar la diversidad y riqueza de la sociedad;  no es posible continuar con un duopolio que estandariza la verdad y el bien.

Los ciudadanos no pueden seguir siendo espectadores en la gran toma de decisiones. Tiene que actuar con mayor proactiviadad.

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