La mujer en la Iglesia y la sociedad: urge valorar su aporte

A las mujeres, que construyen el mundo  con valentía y entrega.

Los obispos latinoamericanos, reunidos en Aparecida, Brasil en año 2007, hicieron una reflexión en torno a la dignidad y participación de la mujer en la sociedad y en la Iglesia. En el documento final de esa asamblea los pastores lamentaban que “que innumerables mujeres de toda condición no sean valoradas en su dignidad, queden con frecuencia solas y abandonadas, no se les reconozca suficientemente su abnegado sacrificio e incluso heroica generosidad en el cuidado y educación de los hijos, ni en la transmisión de la fe en la familia”.

Además, de manera contundente, denunciaron las corrientes ideológicas, marcadas por el sello del consumismo y el espectáculo que someten a las mujeres a nuevas esclavitudes y sólo las exhibe como un objeto y las limita en su crecimiento. Por eso urgieron a “superar una mentalidad machista que ignora la novedad del cristianismo, donde se reconoce y proclama la “igual dignidad y responsabilidad de la mujer respecto al hombre”.

En este sentido, el Papa Benedicto XVI, en diversas ocasiones y distintos foros, ha invitado a la Iglesia y a la comunidad humana “para que el papel desempeñado por las mujeres sea más apreciado y valorado en todas las naciones del mundo”.

Dignidad humana de las mujeres

Como es sabido, desde 1977 la Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha invitado a la comunidad internacional a reflexionar sobre la situación de las mujeres de tal manera que se promuevan acciones que salvaguarden su dignidad y favorezcan su crecimiento integral.

El año pasado, durante la 53º sesión de la Comisión sobre el Status de las mujeres, la delegación de la Santa Sede ante la ONU ha organizó un programa bajo el título “La dignidad humana de las mujeres en la sociedad contemporánea: atención dentro de la familia”.

Durante la actividad, encabezada por monseñor Celestino Migliore, observador permanente ante la ONU, se tratarán temas como “Pensamiento social católico: La persona humana, el bien común, dependencia y atención”, “Condiciones sistémicas, principios y prácticas (legales, económicas y sociales) que promueven la atención en la familia y la dignidad de la mujer” y “Mejores prácticas: proporcionando cuidado y trabajando por la justicia y paz para las familias”.

Primado de amor y entrega

La promoción de la dignidad de la mujer no es nueva para la Iglesia. Por citar sólo alguno, es destacable el mensaje que el Concilio Vaticano II dirigió a las mujeres, junto a otros colectivos humanos, con motivo de su clausura en diciembre de 1965: “Llega la hora, ha llegado la hora en que la vocación de la mujer se cumple en plenitud, la hora en que la mujer adquiere en el mundo una influencia, un peso, un poder jamás alcanzados hasta ahora. Por eso, en este momento en que la humanidad conoce una mutación tan profunda, las mujeres llenas del espíritu del evangelio pueden ayudar tanto a que la humanidad no decaiga”.

Por su parte, el Papa Pablo VI, en 1976, había afirmado que “en el cristianismo, más que en cualquier otra religión, la mujer tiene desde los orígenes un estatuto especial de dignidad, del cual el Nuevo Testamento da testimonio en no pocos de sus importantes aspectos… Es evidente que la mujer está llamada a formar parte de esta estructura viva y operante del cristianismo de un modo tan prominente que acaso no se haya puesto todavía de evidencia en todas sus virtualidades”.

En tanto, el siervo de Dios, Juan Pablo II, en 1988 -Año Santo Mariano- escribió la espléndida Carta Apostólica titulada “Mulieris dignitatem” (Sobre la dignidad de la mujer), que es todo un canto a la mujer, a quien Dios ha confiado el hombre y quien hace realidad el primado del amor y la entrega.

Iglesia con rostro femenino

El camino para la reivindicación de la mujer aún es largo; sin embargo, poco a poco se abren –las mismas mujeres lo impulsan- nuevos espacios de participación y reconocimiento. En el campo eclesial es difícil imaginar la acción y la fecundidad de la Iglesia de hoy sin la mujer: ellas son casi el 70 por ciento del total de consagrados que hay en toda la Iglesia; ellas están en los puestos de vanguardia en la lucha contra la marginación y la pobreza; son punta de lanza en la misión y la catequesis, en colegios, en los hospitales y asilos, Nuestros templos y asambleas eclesiales están casi siempre más llenas de mujeres que de hombres, y nuestros voluntariados de cualquier índole y condición se puebla más de ellas que de ellos.


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