Un oasis en la encrucijada

“…PORQUE FUI FORASTERO Y ME RECIBISTE”

Crónica de la esperanza y tragedia de los migrantes centroamericanos a su paso por México. Tercera parte.

Han recorrido casi mil 500 kilómetros desde Tapachula, Chiapas. Después de dos y hasta tres semanas, arribaron en los techos de los furgones o en los carros cisterna del ferrocarril a la Estación Lechería, en el municipio mexiquense de Tultitlán. Llegaron sucios, sedientos, con hambre, deshidratados, con diarrea, ampollas; sobre todo cansados, con los estragos de los muchos días sin dormir, pero todavía con la esperanza pegada al pellejo.

En cuanto sintieron detenerse el tren, obviaron sus penas y abandonaron los vagones donde venían escondidos para que no los interceptaran los vigilantes de este cruce ferroviario. Corrieron para salir de las vías y buscar un alma caritativa que les proporcionara algún paliativo.

Son un centenar los que bajaron, todos ellos migrantes indocumentados provenientes de países centroamericanos, en busca de alcanzar la frontera norte de México. Están casi a medio camino de su destino; pero los obstáculos que aún tienen que sortear son muchos.

Desde que emprendieron el viaje en sus pueblos ya sabían que entrar a México es como “ingresar al mismo infierno”, debido a los peligros que suelen correr camino a “los Estados”: accidentes, asaltos, corrupción de las autoridades, golpizas, abusos sexuales y secuestros; pero muchos, por desgracia, también encontrarán la muerte.

Sin embargo, y por bendición, en el trayecto han encontrado gente buena que se solidariza con su situación y les provee de lo necesario para recuperar las fuerzas y hacer menos pesado su éxodo. De boca a oreja, de oreja a boca, en sus lejanos pueblos, se corre la noticia de que en algunos pueblos mexicanos hay casas de asistencia, albergues que “echan la mano” sin pedir nada a cambio.

“Tienen derecho a nuestra atención…”

            En Lechería, ya lo saben los migrantes, hay una obra de la Iglesia católica que se ha convertido en un “oasis en el infierno”, según palabras de un indocumentado salvadoreño: la Casa del Migrante San Juan Diego, un refugio que acaba de cumplir un año de ofrecer comida, un lugar para descansar y cuidados médicos a los centroamericanos que lo requieren.

            Esta obra surgida en la capellanía de San José Obrero, para ser exactos en el salón parroquial, se encuentra ubicada cercana a las vías del ferrocarril y es atendida por voluntarias encabezadas por Guadalupe Calzada, llamada “la madre de los migrantes”.

            Es muy común que a la Casa lleguen migrantes enfermos o heridos que necesitan atención médica; en los casos graves de heridos se canalizan a hospitales de la zona: el Vicente Villada o el Ceylán “porque en la Cruz Roja nos cobran y no tenemos dinero ni para subsistir, porque trabajamos con donaciones en especie”, cuenta una voluntaria.

“Pese a la negativa de muchas instituciones médicas de dar atención a los centroamericanos porque son ilegales, ellos tienen derecho a ser atendidos por un médico”, afirma la madre Lupita. En el tiempo que lleva funcionando el albergue se ha dado atención a cerca de 18 mil migrantes.

En la Casa “no se da espacio a migrantes mexicanos”, sentenció la encargada del lugar, al señalar que si acaso se da alimento y ropa a los connacionales que viajan de entidades del sur y se suman al flujo migratorio que llega a Tultitlán. Refiere que los mexicanos tiene protegidos sus derechos y pueden allegarse ayudas por estar en su país.

Otra razón por la que no se da alojamiento a los mexicanos es que pueden ser enganchadores –traficantes de migrantes– que sólo entran a la Casa para contactar clientes. Hay indocumentados que no quieren respetar las reglas del albergue y optan por permanecer en las calles y pasar su estancia en Tultitlán pidiendo limosna.

La Casa San Juan Diego es atendida por unas cinco personas, entre ellas una cocinera, que se encarga de preparar un mínimo de 300 raciones destinadas a desayuno, comida y cena. En ocasiones la cifra se duplica.

En los últimos meses, en Lechería, importante cruce ferroviario rumbo a la frontera norte y a donde arriban diariamente unos 300 migrantes, los secuestros y asaltos de centroamericanos por parte de policías y grupos armados se han incrementado.

Atropellos, xenofobia y defensa de los migrantes

En julio pasado, unos 20 sujetos vestidos de negro, encapuchados, con insignias de la PGR y Policía Federal, ingresaron con violencia en la Casa del Migrante Juan Diego.  A rastras sacaron a personas originarias de El Salvador, Guatemala y Honduras que un día antes habían pernoctado en el lugar y los subieron a dos camionetas no oficiales. Además agredieron al personal de la institución caritativa.

Pero vecinos de la calle Cerrada de la Cruz, donde se encuentra el albergue, encararon a los federales, quienes en respuesta con armas largas encañonaron a los colonos que se dieron a la tarea de parar las unidades donde se llevaban a diez los migrantes y los rescataron, para luego regresarlos a la Casa del Migrante.

Hechos como este se repiten en varios puntos del país con la nota distintiva de que quedan impunes. Los migrantes “no tienen voz en México, aunque hablen el mismo idioma son personas sin nombre; sufren maltrato, humillaciones, indiferencia cruel y ahora también son secuestrados y asesinados”, señala la Madre Lupita.

Pies cansados

            “Hemos estado a gusto aquí, pero todavía falta medio camino”, comenta Roberto, un guatemalteco que ya ha recorrido esta ruta en dos ocasiones. “Los dos intentos anteriores fracasé, no pude llegar hasta los Estados, pero con la ayuda de Dios esta vez si llegaré”, dice mientras esboza una sonrisa y sus ojos transparentan la esperanza. Lleva “los pies cansados”, dice, “pero el espíritu es el que nos anima”.

            La meta ahora es llegar a Saltillo en el menor tiempo posible.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s