“La presencia y acción de la Iglesia en relación a los pueblos indígenas, se ha dado en un clima de encuentros y desencuentros”

Conversación con el sacerdote jesuita Jesús García, asesor de la Pastoral Social del Episcopado Mexicano y del Centro Nacional de Misiones Indígenas (CENAMI)

Primera de tres partes

En una conferencia que recientemente dictó, usted focalizó la idea del “caminar” como algo distintivo de los pueblos indígenas mesoamericanos. ¿Qué sentido le da?

Los pueblos indígenas de Mesoamérica han sido permanentemente caminantes: desde sus orígenes en el extremo norte asiático y por su paso por la América septentrional, haciendo pausas en el mítico Aztlán , en paso y búsqueda de su lugar ideal y definitivo, no solo geográfico sino utópico, para encontrar un lugar con condiciones de vida mejores, siempre en espíritu comunitario-colectivo. A la Iglesia le ha tocado acompañar este “camino” de los pueblos indígenas.

¿Cómo fue el principio de este acompañamiento?

Con el advenimiento de la conquista y consecuente colonización y sometimiento “al otro” extranjero, el caminar utópico de los pueblos indígenas se ve frenado y obstaculizado por el invasor, pero también encuentra comprensión, defensa y acompañamiento en los primero misioneros y evangelizadores. La presencia y acción de la Iglesia en relación a los pueblos indígenas, entrelaza ambas marchas y caminos, el de los pueblos indígenas y el de la Iglesia en Mesoamérica y México, se da en un clima de encuentros y desencuentros.

¿Cómo se ha situado históricamente la Iglesia en México frente a la realidad indígena?

Yo señalo tres tipos o modelos misioneros-pastorales distintos, utilizando una clasificación quizá muy personal y convencional pero cuyas características son lo importante; tomando en cuenta el lugar y papel de los indígenas en el actuar de la Iglesia, que va desde ser un sujeto destinatario de la preocupación y acción de Iglesia, resulta una acción misionera y pastoral para los indígenas; pasando a ser un sujeto colaborador en los programas y proyectos de mejoramiento de los pueblos indígenas, acción de la Iglesia con los indígenas, hasta llegar a ser el sujeto definitorio y decisorio de sus luchas, aspiraciones, proyectos y programas, con el apoyo y acompañamiento de los actores pastorales. Estas diversas formas de relación de la Iglesia con los indígenas originaron modelos pastorales y misioneros distintos, sobre su relación al contexto de violencia, injusticia y agravios resultado de la conquista y colonización.

Usted habla de un modelo “protector y paternalista. ¿Cuáles son sus características?

Ante la violencia, despojo e injusticias de que eran víctimas los indígenas de parte de los conquistadores, encomenderos, buscadores de fortuna y autoridades burócratas, una primera reacción fue de sensibilidad al sufrimiento de los indígenas, buscando su protección, defensa y denuncia ante la corona de esa situación de violencia e injusticia. Así surgió la figura e institución de la protectoría, que jurídicamente le daba gran autoridad moral y gestoría ante la corona al titular, obispo o misionero, para proteger a los indígenas y denunciar abusos. Este modelo o modo de actuar no resolvía el problema inherente al despojo de tierras y bienes, ni a la pérdida de identidad, cultura y organización propias. La mayor parte de los obispos y misioneros del siglo XVI se situaron en este modelo pastoral-misionero, algunas de cuyas figuras más conocidas eran Motolinía, Pedro de Gante, Zumárraga, entre otros.

¿Qué modelo encarna, por ejemplo, Vasco de Quiroga?

Con la obra de Vasco de Quiroga podemos hablar de un modelo de promoción comunitaria y autogestora, que va más allá de la mera defensa y protección de los indígenas y de la debida denuncia de abusos ante la corte. Él pretendía dar a los pueblos indígenas instrumentos eficaces y reconocerles y hacerles conscientes de su calidad de sujeto colectivo organizado, que les permitiera recuperar y defender su identidad, cultura y organización comunitaria; además, obtener autonomía y eficiencia productiva y autogestora. A través de técnicas que trajo de España en diversa artesanías y enseres domésticos, y aprovechando los que ya fabricaban los tarascos, especializó a las diversas poblaciones en un producto para evitar la competencia y en Pátzcuaro se hacía el intercambio de productos. Generó lo que hoy se conoce como una micro región económica y se adelantó varios siglos a esta “modernidad económica” de complementariedad económica y no de rivalidad y competencia (como en el actual modelo neo-liberal). Su limitación a una cultura, la purépecha-tarasca, con su reducido espacio geográfico hizo que quedara como un islote de sobrevivencia de la identidad, cultura y autonomía indígenas, en un inmenso continente de sometimiento y servidumbre.

¿Qué trascendencia tuvo y tiene este modelo pastoral de Don Vasco?

La trascendencia de este modelo de organización social fue reconocida y rescatada en parte por la UNESCO, a través del Centro Regional de Educación Fundamental para América Latina (CREFAL), creado por ahí de 1950, para la formación de cuadros expertos en la educación fundamental y organización comunitaria. Algo similar a la experiencia de Don Vasco realizaron los jesuitas en el Paraguay y Bolivia con las famosa reducciones jesuíticas de Paraguay (parte de las cuales pertenecen ahora a Bolivia).

Se habla de Bartolomé de Las Casas como un paradigma en la acción pastoral de la Iglesia de aquella “primera hora” americana; ¿cómo define su actuar?

Si el anterior modelo misionero de promoción comunitaria aparecía como un islote en el continente junto con las reducciones jesuíticas del Paraguay, este modelo crítico-profético ejemplificado sobre todo en Bartolomé de Las Casas, aparecía no sólo aislada, sino como peligrosa y subversiva al sistema colonial, pues se preocupaba de analizar y denunciar como anti-natural, anti-humano y anti-evangélico ese sistema fundado en la invasión, despojo y servidumbre de los pueblos indígenas. La referencia que hace del célebre sermón de Fray Antonio de Montesinos en el adviento de 1521 -21 de diciembre en Santo Domingo, Isla La Española-, donde echa en cara las injusticias que cometen los encomenderos cristianos, es el más claro análisis y denuncia del sistema colonial y constituye el texto más claro de esa postura crítico-profética iniciada por ese fraile y continuada y clarificada en toda la vida de Las Casas. Los elementos de análisis crítico de este pasaje del sermón de Montesinos son: guerra de agresión, despojo de sus tierras y bienes, servidumbre y esclavitud, genocidio y etnocidio. Durante todo el siglo XVI y principios del XVII hubo por todo el continente obispos y misioneros que denunciaban los abusos y arbitrariedades de los colonizadores hacia los indígenas, tal vez no con la claridad, firmeza y constancia de Bartolomé de las Casas y sus colegas vecinos de Centro América, los obispos Francisco Marroquín de Guatemala y Antonio de Valdivieso O.P. quién incluso ofrendó su vida en aras de su deber crítico-profético, convirtiéndose así en el primer mártir de la justicia en América Latina.

¿Qué implicaciones tuvo esta postura de Bartolomé de Las Casas?

Este pasaje tan importante en la historia no sólo de una evangelización profética que incorpora la justicia y la defensa de los derechos humanos como parte constitutiva de ella (como lo dice Juan XXIII en Mater et Magistra) sino de la historia humana en general, constituyó uno de los mejores ejemplos del caminar juntos la Iglesia y sus pastores con los pobres y los indígenas y otros sectores en semejante situación de opresión e injusticia. Esta posición critico-profética le valió a Bartolomé de Las Casas, así como a muchos otros casos parecidos en la historia y en la actualidad, no sólo el aislamiento sino la incomprensión y descalificación aún de parte de colegas en la común misión evangelizadora. Cualquier semejanza con actitudes y situaciones actuales… ¿Será mera coincidencia?

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Un pensamiento en ““La presencia y acción de la Iglesia en relación a los pueblos indígenas, se ha dado en un clima de encuentros y desencuentros”

  1. Deseo encontrarme con el padre jesuita Jesus Garcia,vivo en la ciudad de Queretaro Mexico
    Que parte me queda mas cerca para el encuentro con el
    Dios los bendiga ..Ilumine la labor pastoral de todos los Jesuitas
    Amen

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