Benedicto XVI y las familias mexicanas

Conversación con Rodrigo Aguilar Martínez, obispo de Tehuacán

Después de la visita del Papa Benedicto XVI a México, el obispo de Tehuacán, Puebla, don Rodrigo Aguilar sostuvo una conversación con nosotros; en ella hace un balance sobre este acontecimiento.

¿Cuáles son los “efectos” que ha traído consigo la presencia del Papa en México?

Recuerdo que en una de las visitas que hizo el Papa Juan Pablo II a México, yo me sentía gratamente sorprendido al caminar por las calles de la ciudad y que todo mundo, sin conocerme, sólo me identificaban como sacerdote por la vestimenta, me saludaban abierta y amablemente. En otras palabras, nos veíamos fraternalmente. Esto espero, que la presencia del Papa Benedicto XVI nos motive a vernos y tratarnos con cercanía de hermanos. El Papa ha venido a encontrarse con la Iglesia católica y las personas de buena voluntad, como sembrador de fe, de esperanza y de amor. Yo anhelo que la visita del Papa nos motive a crecer en estas virtudes y que se noten en los actos de nuestra vida diaria. Luego, con el ejercicio de estas virtudes, podamos ver la posibilidad y de hecho avanzar en la superación de la violencia, del crimen organizado, de la impunidad.

¿Cuáles son los aportes que Benedicto XVI ha hecho a las familias mexicanas?

El campo de la familia ha sido prioritario para Benedicto XVI, así como lo fue para el Beato Juan Pablo II. Si por una parte la familia está claramente amenazada de diversas maneras incluso en sus fundamentos; por otra, la familia es la solución a muchos problemas. Ya nos decía el Papa en Aparecida que para llevar a cabo la renovación de la Iglesia, un lugar significativo lo ocupa la familia, mencionándola como “uno de los tesoros más importantes de los pueblos latinoamericanos”; por eso nos convocaba a una pastoral familiar intensa y vigorosa, unida a políticas familiares auténticas que respondan a los derechos de la familia como sujeto social imprescindible.

También ha dicho que la transmisión y el cultivo de la fe y del amor del Señor, es una de las tareas más grandes de la familia, así como la de formar personas libres y también responsables.

En el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de este año, enfocado a la educación de los jóvenes en la justicia y la paz, señala que ante todo la familia debe hacerlo y motiva a los padres de familia a que no se desanimen, exhortándolos a que con el ejemplo de su vida, pongan la esperanza ante todo en Dios, el único del que brota justicia y paz auténtica.

Después de esta visita ¿qué grandes tareas vislumbra para la Iglesia (jerarquía y pueblo) en México?

El Papa vino a sembrar, como instrumento de Dios; nos toca, con la misma ayuda de Dios, dar frutos abundantes. Cristo mismo lo ha dicho, sin Él nada podremos; en cambio unidos a Él podremos dar frutos en abundancia. Cada uno, en la vocación y misión a la que Cristo Jesús le llama –como obispos, sacerdotes, religiosas, laicos–, y todos unidos como Iglesia y también en espíritu ecuménico y en el diálogo interreligioso, estamos llamados a asumir la responsabilidad que nos corresponde.

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