El secreto de la verdadera alegría es confiarse en Dios

Octavo centenario de la consagración y conversión de santa Clara

Desde el Domingo de Ramos del 2011 al 11 de agosto del 2012, las religiosas clarisas y los frailes franciscanos de todo el mundo están viviendo un “Año Clareano”, con el cual festejan el octavo centenario de la consagración y conversión de santa Clara de Asís.

El privilegio de la pobreza

Según la historia, Clara di Favarone, de 18 años y perteneciente a una de las familias más ricas de Asía, después de asistir, por consejo de san Francisco, a la misa del Domingo de Ramos de 1211 (algunos dicen que de 1212), huyó por la noche de su casa (sus padres querían casarla con un joven muy rico) y se encaminó a la iglesia de la Porciúncula, donde la esperaban el santo y sus compañeros. Allí, Francisco le cortó el cabello y se cubrió con un velo negro; de ese modo “renunció al mundo” para seguir a Cristo pobre y crucificado.

Clara vivió algún tiempo con las benedictinas del monasterio de San Pablo y con las religiosas de San ‘Ángelo di Panzo, en las faldas del Monte Subasio, hasta que se le unieron su hermana Catalina (sor Inés, santa como ella) y otras jóvenes. Se trasladaron, meses después, a la iglesia de San Damián, restaurada por San Francisco tres años antes. Al principio las llamaban “Hermanas Menores”, pero al “pobrecillo” no le gustó el nombre y, en 1217 lo cambió por el de Damas Pobres de san Damián.

San Francisco escribió para ellas unas “observancias”, pero el IV Concilio de Letrán (noviembre de 1215) prohibió la aprobación de nuevas reglas, de modo que Clara y sus compañeras tuvieron que profesar la Regla benedictina, que prescribía cosas muy diferentes a lo que ellas querían, como el título de abadesa o la posibilidad de tener propiedades. Para evitar esto último, Clara obtuvo de Inocencio III (+ julio 1216) un singular “privilegio de pobreza”, por el cual nadie podría obligarlas a tener rentas o posesiones.

Pronto surgieron en Italia otros monasterios de de religiosas que vivían según el modelo del monasterio de “Santa María de San Damián”. En 1218 el cardenal Hugolino redactó para ellas unos Estatutos, que estuvieron en vigor, junto con la regla benedictina, hasta que, en 1247, fueron sustituidos por la nueva Regla de Inocencio IV. Pero Clara tampoco quedó conforme y, dos días antes de su muerte, acaecida el 11 de agosto de 1253, obtuvo del mismo Papa la aprobación de su Regla, la primera compuesta por una mujer para mujeres.

“Conversión” al amor

Recientemente Benedicto XVI, en una carta enviada al obispo de Asís con motivo del octavo centenario de la consagración de la santa, ha dicho que la historia de Clara “habla también a nuestra generación y ejerce un gran atractivo sobre todo entre los jóvenes”. El Papa ha resaltado el hecho de la conversión de Clara como “una conversión al amor”: “No se pondrá más las ropas refinadas de la nobleza de Asís; su elegancia será la de un alma dedicada a la alabanza de Dios y la entrega de sí. Día tras día, en el pequeño espacio del monasterio de San Damián, en la escuela de Jesús Eucaristía (….) desarrollará las características de una fraternidad regida por el amor de Dios y por la oración, la atención y servicio”.

El Santo Padre ha invitado particularmente a los jóvenes a mirar con atención la vida de Francisco y Clara de Asís, cuya historia sigue causando fascinación. Ha propuesto a estos dos santos como modelos en una época, que, como ninguna otra, ha “hecho soñar tanto a los jóvenes merced a los miles de atractivos de una vida donde todo parece posible y lícito. Y, sin embargo ¡cuánta insatisfacción hay!; ¡cuántas veces la búsqueda de la felicidad, de la realización lleva, al final, a tomar caminos que conducen a paraísos artificiales, como las drogas y la sensualidad desenfrenada! También la situación actual en que es difícil encontrar un trabajo digno y formar una familia unida y feliz, hace que se nuble aún más el horizonte”.

“No obstante –señala el Papa– no faltan jóvenes que, también en nuestros días, recogen la invitación a confiarse a Cristo y a afrontar con valentía, responsabilidad y esperanza el camino de la vida, eligiendo dejar todo para entrar a su servicio y al de nuestros hermanos. La historia de Clara y la de Francisco es una invitación a reflexionar sobre el significado de la existencia y a buscar en Dios el secreto de la verdadera alegría”.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s