Sor Juana, un espejo para comprender mejor nuestra civilización forjada por la fe católica

Una conversación con Alejandro Soriano Vallès

Alejandro Soriano Vallés es hoy por hoy el más destacado biógrafo de Sor Juana Inés de la Cruz: ha dedicado más de 25 años de investigación en torno a la vida y obra de la llamada “décima musa”. Su último trabajo, publicado en 2010, se llama “Sor Juana Inés de la Cruz. Doncella del Verbo”, y tiene la finalidad de presentar y valorar a la religiosa jerónima no sólo como intelectual, sino, también como monja católica.

A Sor Juana Inés de la Cruz se le ha catalogado de diversas maneras (poetisa, mística, feminista, “buena religiosa”, intelectual de avanzada, “enciclopédica”, “fugada del mundo”, adversaria de la Iglesia desde dentro, lesbiana…) y se le ha convertido en bandera de las más variopintas causas, ¿cuál es el rostro más veraz y creíble que de ella emerge, después de los largos años de investigación que usted le ha dedicado?

Ciertamente, Sor Juana es el mejor poeta mexicano de todos los tiempos y uno de los genios de la literatura universal. Eso no lo discute nadie, en eso estamos todos de acuerdo. Las desavenencias surgen al momento de desentrañar su vida y pensamiento. Quienes desde la posmodernidad y adoptando una postura “crítica”, no comparten ni la fe ni la cultura católicas de la monja, pocas veces dan crédito a que sean ellas las raíces del ser de una figura tan carismática. Se produce entonces un movimiento de reacción “instintivo”: “no es posible que una mujer como ésta haya surgido de ese medio «oscurantista»; hay, por tanto, que descubrir sus «verdaderas» motivaciones”. Es aquí donde cada intérprete inyecta en la biografía y obra de Sor Juana su propia forma de ver el mundo. Resulta claro que las “variopintas causas” de que se le ha vuelto bandera no surgen de realidades históricas, sino de interpretaciones caprichosas. Los críticos “descubren” lo que se les antoja “descubrir”. En última instancia, es la manía anticatólica, que supone que una época regida por los valores de la Iglesia es una época “retrógrada”, lo que los lleva a desfigurar a Sor Juana. Hay una gran ignorancia y fuertes prejuicios detrás de todo ello. Por si no bastara, los enemigos de la fe católica han usado a Juana Inés como ariete. Manipulando ideológicamente la historia, la han dotado de tantas máscaras como sean necesarias para alejarla de dicha fe. Así, la han catalogado de las maneras que usted menciona. Todas ellas buscan presentarla como disconforme con la fe cristiana. Por contraste, la investigación científicamente rigurosa comprueba que Sor Juana fue lo que sus biógrafos primitivos (personas que la conocieron y tuvieron tratos con ella) afirman: una mujer que desde niña sintió vocación religiosa; que estuvo dispuesta a sacrificar su fama por ella; que fue amada, respetada y admirada por su sociedad; que apreció más —según sus propias palabras— “el nombre de católica y de obediente hija de mi Santa Madre Iglesia, que todos los aplausos de docta”; que en sus últimos años donó lo que más quería (sus libros) para bien de los pobres; y que murió evangélicamente. Esto, y no otra cosa, es lo que resulta de un análisis científico, es decir, apoyado en testimonios y pruebas documentales.

Usted titula su último libro “Sor Juana Inés de la Cruz, doncella del Verbo”, ¿Qué encierra en el fondo esta manera de mirarla?

El título quiere significar dos realidades. Por un lado, Sor Juana es “doncella del verbo” (“verbo” con minúscula) en tanto fue “Décima Musa”, una muchacha dueña desde su infancia del don de la palabra poética; genio, como dije, de la literatura universal. Por otro, es “doncella del Verbo” (“Verbo” con mayúscula, que es como debe aparecer cuando se cita el libro) en tanto fue una de las vírgenes de Cristo, esposa del Verbo Divino. El título encierra la intención que tiene la obra de mostrar a Juana Inés no sólo como intelectual, sino, apartándose con ello del resto de las biografías escritas en las últimas tres décadas, también como monja católica.

¿Qué novedades encontramos de la vida de Sor Juana en su libro? ¿Qué luces lanza sobre su vida esta investigación?

Este libro viene a perfeccionar la labor de 25 años que he realizado en torno a su vida y obra. El simple hecho de presentarlas apegándome a los testimonios de quienes la trataron en vida es una novedad el día de hoy. En efecto, dentro de un ambiente donde, como dije precedentemente, o se cede al prejuicio de no considerarla una buena monja o, de plano, se la usa para atacar a la Iglesia, una biografía que, con pruebas, muestra su vocación monástica es aire fresco. La obra descifra, sin ocultar nada, los aspectos más complejos de la existencia de Sor Juana; y, lo mejor, lo hace con base en un riguroso análisis basado en la documentación existente. Por si no bastara, saca a luz papeles desconocidos. Entre ellos destacan dos cartas que le mandó el obispo de Puebla, Manuel Fernández de Santa Cruz, a quien también se conoce con el seudónimo “Sor Filotea”. Una de tales misivas es la Carta de Puebla, nada menos que la contestación a la autobiografía de Sor Juana, la conocidísima Respuesta a Sor Filotea. La otra carta es de un año después. A través de estas epístolas somos testigos de la entrañable relación de amistad que sostuvieron ambos personajes. Muestran también la confianza de la monja en el obispo, a quien consulta acerca de su vocación estudiosa, recibiendo de él el consejo de continuar sus estudios guiada por una vida de mayor oración e intimidad con Dios. En Doncella del Verbo el lector encuentra patentizada, por tanto, la unidad de la existencia religiosa e intelectual de la gran Monja de México. Pero el libro no es únicamente una vida de la religiosa jerónima; es, asimismo, una introducción a una civilización forjada por la fe católica. El lector descubre en ella variados aspectos de la misma; aspectos indispensables para comprender mejor no sólo a Sor Juana y su civilización, sino, por múltiples contrastes, también la nuestra.

Desde hace tiempo una polémica sobre los últimos años de la vida de la monja jerónima ha divido a los “sorjuanistas”: unos postulan la tesis de su “conversión”, otros atribuyen su silencio final a una persecución de la jerarquía católica. ¿Cuál es la tesis que sostiene usted? Más aún ¿es una discusión necesaria?

Las pruebas de que a Sor Juana la “persiguió” la Iglesia católica no existen, motivo por el que, como es lógico y desde el punto de vista meramente científico, tal discusión jamás debió darse. No obstante, y dado que la idea de la “persecución” de marras se difundió ampliamente, me parece que la discusión que usted señala fue necesaria hasta el momento del hallazgo de los diversos documentos que menciono.  En realidad, la documentación probatoria de que Sor Juana se entregó a Dios con gran fervor en sus últimos años es abrumadora. Desde 2004 se ha venido incrementando, y hoy sólo la ceguera ideológica puede seguir insistiendo en la divulgada pero falsa tesis de la “persecución”. En este sentido, no habría ya lugar para seguir discutiendo. Cuando digo que la discusión jamás debió darse me baso, justamente, en la carencia absoluta de elementos que apoyen tal tesis. Por desgracia, quienes han sostenido una larga polémica con los promotores de ésta lo han hecho a causa, precisamente, de su popularidad. Así, se puede decir que la discusión no ha girado en torno a lo académico, o sea, alrededor de pruebas históricas, sino en torno a la voluntad de quienes, por todos los medios, quieren que persista una imagen distorsionada de la monja, y la de quienes, con las evidencias en la mano, desean que la verdad triunfe. Empero, hemos  llegado al punto en que esto no puede continuar. Las pruebas de la honda fe cristiana de Sor Juana son de tal calibre que seguir discutiendo con quienes se afanan en no verlas sería absurdo.

¿Qué hay del texto La Carta de Serafina de Cristo, que algunos historiadores atribuyen a la “décima musa”, y supondría un dato para sostener la idea de que ella fue perseguida por la Iglesia de su tiempo, incluso objeto de una especie de juicio secreto por parte del obispo Aguiar y Seixas?

Desde 1998 se demostró que esa Carta no es de Sor Juana. Además, en 2004 se publicaron unos papeles que enseñan tanto que se escribió para apoyar a la monja contra un casi solitario contemporáneo suyo que la atacaba, como que la mayoría de los teólogos de su tiempo estaba de su lado. No puede usarse, por tanto, para apoyar la idea de que fue perseguida por la Iglesia. En cuanto al susodicho “juicio secreto”, es parte de la misma embestida ideológica anticlerical de que hablé antes. Se habló mucho de él, pero jamás se presentaron las pruebas. Históricamente esa hipótesis es insostenible. En sentido contrario, hace un año di a conocer la cláusula del testamento de un amigo antiguo de Sor Juana, el padre José de Lombeyda. En dicha cláusula el sacerdote señala que la propia Décima Musa le entregó sus libros para que los vendiera. No hay, pues, modo de demostrar (porque no lo hizo) que el arzobispo Aguiar y Seixas haya atentado contra ella. Todo es parte de un bulo para desacreditar a la Iglesia católica.

¿Hay elementos en la vida de sor Juana para considerarla “candidata a los altares”?

Me han hecho esta pregunta antes y, curiosamente, mi respuesta parece causar un gran escozor. Muchos de quienes no comparten la fe católica de Juana Inés encuentran insufrible la posibilidad de que, en algún momento, pudiera ser elevada a los altares. Aquéllos que no se turban porque, como decía usted previamente, se la llame “feminista”, “intelectual de avanzada”, “enciclopédica”, “fugada del mundo”, “adversaria de la Iglesia desde dentro”, “lesbiana”, etc., hallan intolerable la posibilidad de que se le diga “santa”. Es una prueba más de que se usa a Sor Juana como ariete contra la Iglesia católica. Por el contrario, si uno ve los hechos de la vida de esta admirable mujer, especialmente durante sus últimos años, llega a convencerse de que, cuando menos, debería ser nombrada Sierva de Dios. Por supuesto, expreso una opinión muy personal. Y ésta es que quien —como lo testifican sus biógrafos— a lo largo de su existencia no sólo ejercitó constantemente la caridad, llegando al final de la misma al grado heroico de desprenderse de sus bienes más preciados (su enorme biblioteca y sus instrumentos científicos y musicales) para socorrer a los pobres de Dios, sino incluso a perder la vida evangélicamente al hallarse (sin estar obligada a ello) cuidando a las apestadas de su convento, merece tal honor. Esperemos en Dios que llegue el día feliz en que la Iglesia así lo decida.

 

¿Qué “dice” sor Juana a la gente de este siglo, posmoderno y globalizado, no sólo al hombre religioso?

Entre las razones que descubro para llevar a Sor Juana a los altares está haberse sabido anonadar a sí misma. Lo hizo por amor a Jesucristo, evidentemente. Sin embargo, creo que las persona ajenas a la religiosidad católica tienen también en ella (si no se distorsiona su auténtica imagen) un modelo a seguir. Esta época posmoderna, con su tendencia a una personalidad pública débil y una voluntad fuertemente egoísta; que, al relativizar la verdad, descubre la “felicidad” en sucedáneos como la fama, el placer y las posesiones; puede encontrar en Juana Inés a alguien orgulloso de sus creencias, que las proclama abiertamente y está completamente dispuesto a sacrificarse por ellas. Nuestra monja, en efecto (ella misma lo dice), quiso renunciar a la gran fama que tuvo (aunque no se lo permitieron), y, según indiqué previamente, proclamó por escrito (firmando incluso con su sangre) que prefería ser llamada “buena católica” que docta. Asimismo, se desprendió de sus amados libros. Cuando, sin que nadie —excepto su conciencia— se lo pidiera, murió atendiendo a las enfermas de su convento, lo hizo por el mayor de los amores: dar la vida por sus amigos. Más allá de su excelsa poesía, estoy convencido de que estas virtudes son las que el siglo posmoderno necesita, y, por lo mismo, que Sor Juana Inés de la Cruz es un modelo para todos nosotros.

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